Don´t Touch

Don't touch the works of art

La vídeo instalación Don’t touch the works of art propone una reflexión sobre la relación entre las formas tradicionales de representación artística y las posibilidades abiertas por las tecnologías audiovisuales digitales. En ella convergen dos ámbitos aparentemente distantes: por un lado, la larga tradición del dibujo como fundamento histórico de la práctica artística; por otro, las nuevas propiedades de los sistemas de proyección digital que, a finales del siglo XX, comenzaron a transformar los modos de producir y experimentar la imagen. Esta confluencia sitúa la obra en un territorio híbrido donde se cuestionan tanto los procedimientos de representación como la propia naturaleza del objeto artístico.

La pieza aborda también la condición inmaterial de las manifestaciones creadas mediante medios electrónicos o digitales. A diferencia de las obras tradicionales —pinturas, esculturas o dibujos— cuya presencia física define su existencia, las imágenes proyectadas poseen una naturaleza esencialmente intangible. Son imágenes que existen únicamente mientras el dispositivo técnico permanece activo y cuya materialidad es, en cierto modo, efímera. Este desplazamiento hacia lo inmaterial diluye la noción clásica de obra de arte entendida como objeto estable y permanente.

En Don’t touch the works of art, el espectador se encuentra ante una proyección de gran formato que domina visualmente la sala. En ella aparece un cuerpo humano inmóvil, situado en una postura que remite a la solemnidad de la escultura clásica. La figura adopta una actitud rígida y frontal, evocando la gravedad y la autoridad asociadas a los modelos de la estatuaria griega. Su presencia parece reclamar respeto y distancia, como si se tratara de una obra monumental que exige una contemplación reverente. Sin embargo, bajo esa apariencia de solemnidad se insinúa una dimensión irónica. La rigidez de la pose y el carácter exageradamente solemne de la figura introducen una sensación de extrañeza que roza lo ridículo, como si la obra estuviera poniendo en cuestión la propia autoridad simbólica que invoca.

En contraste con esta imagen proyectada, una serie de dibujos realizados a lápiz se despliega a lo largo de uno de los lados de la sala. Estos dibujos, de apariencia frágil y manual, establecen un diálogo silencioso con la imagen digital proyectada. Mientras la proyección remite a la desmaterialización de la imagen en la era tecnológica, los dibujos recuperan el gesto directo del artista, el trazo sobre el papel y la temporalidad lenta del proceso manual.

Una guirnalda de pequeñas lámparas parpadeantes conecta visualmente los dibujos, generando un recorrido lumínico que atraviesa el espacio expositivo. La iluminación tenue de la sala, interrumpida ocasionalmente por estos destellos de luz, crea una atmósfera ambigua en la que parece insinuarse una carcajada. Esa risa —que surge y desaparece, a veces cómplice y otras desdeñosa— introduce una dimensión crítica que oscila entre el juego y el escarnio. La obra parece reírse, en cierta medida, de la solemnidad con la que las instituciones artísticas protegen y sacralizan las obras que albergan.

Esta ironía se hace explícita desde el propio acceso a la sala. A la entrada se presenta una reproducción de la cartela de advertencia habitual en los museos, encabezada por la frase: “Don’t touch the works of art – No toque las obras de arte. Este mensaje, concebido normalmente para proteger la integridad física de los objetos expuestos, adquiere aquí un significado paradójico. ¿Qué significa no tocar una obra que, en esencia, no posee cuerpo material? La advertencia revela así una contradicción inherente a la presentación museográfica de obras basadas en imágenes proyectadas o medios electrónicos.

Esta vídeo instalación se expuso en el año 1998 en la Sala Josep Bages de la localidad barcelonesa del Prat de Llobregat y formó parte de la exposición Creació Jove celebrada el año 2000 en La Capella, espacio del Instituto de Cultura de Barcelona dedicado al arte emergente.


Don´t touch the Works of Art / Team.Studio 1998-2000 ©

FICHA TÉCNICA

  • Autor:  Team.Studio
  • Proyecto: Don’t Touch the Works of Art
  • Técnica: Vídeo instalación
  • Localización: BCN
  • Versión reducida: No
  • Año: 1998-2000


Vídeo instalación multimedia medidas variables

A la entrada de la sala se situaba una cartela con la advertencia “Don’t touch the works of art”. Este gesto introducía una dimensión crítica al confrontar la norma museística de protección del objeto artístico con la naturaleza intangible de la imagen proyectada, señalando así las contradicciones que emergían cuando las prácticas audiovisuales comenzaban a ocupar los espacios tradicionales de exhibición del arte.

Cartela original empleada en la instalación inspirada en el flyer del museo Guggenheim Bilbao / team.Studio – 1998 ©

DON ‘T TOUCH

The works of art are fragile and slightest

La vídeo instalación Don’t touch the works of art exploraba la tensión entre tradición y experimentación, entre la solemnidad del arte clásico y la fluidez del medio digital. La proyección mostraba un cuerpo humano inmóvil cuya postura evocaba la escultura David de Donatello, trasladando la autoridad y la esencia del Renacimiento a un espacio intangible y efímero.


La vídeo instalación exploraba la tensión entre tradición y experimentación, entre la solemnidad del arte clásico y la fluidez del medio digital. La proyección mostraba un cuerpo humano inmóvil cuya postura evocaba la escultura de Donatello. En contraste, dibujos a lápiz, dispuestos en línea sobre el suelo y fragmentando la sonrisa de un rostro femenino, introducían la fragilidad del gesto manual y la vulnerabilidad del trazo frente a la monumentalidad proyectada, mientras pequeñas luces intermitentes conectaban ambos lenguajes en una poética ambivalencia entre solemnidad e ironía.

Dibujo a lápiz de la serie Don´t touch the Works of Art – 1 sobre 10 / Team.Studio – 2000 ©

NOTAS SOBRE LA INSTALACIÓN

Don’t Touch the Works of Art
vídeo instalación medidas variables

El marco elegido, La Capella, un edificio histórico de la calle Hospital, concebido originalmente como capilla y ahora espacio de arte contemporáneo, reforzaba este diálogo conceptual. Sus muros antiguos y su atmósfera cargada de memoria institucional resonaban con la referencia al pasado artístico, mientras que la intervención digital y los dibujos subvertían esa historia, cuestionando la sacralidad de la obra y la autoridad del museo. La obra situaba al espectador en un terreno liminal: lo clásico y lo emergente coexisten y se tensionan, lo tangible y lo efímero se enfrentan, y la prohibición de tocar lo intangible —representada en el cartel inspirado en los folletos de museos como el Museo Guggenheim Bilbao — se convertía en un gesto de reflexión sobre la materialidad, la memoria institucional y la naturaleza mutable de la experiencia artística contemporánea..